9 Reinas

2008-10-28
LA BRUJA DEL ALFILER EN LA BOLA

— El tiempo que dura una canción
\”Pin Ball Wizard\” es una canción de la ópera Tommy de The Who, años 70. Su protagonista un joven ciego era el rey de las máquinas del millón de su barrio.
Debo pertenecer a la última generación (1958) que tuvimos la oportunidad de jugar con estas máquinas en unos billares. Mi afición fue tal que durante una temporada llegué a disponer de un par de llaves con las que autofinanciaba mi juego y me aseguraba de paso la suerte siempre de mi lado.
Los pinballs (inglés), los flipper (francés) o simplemente las máquinas, nacieron en el Chicago de los años 30, la ley seca. El frente de la máquina era siempre de vivos colores y tocaba temas atractivos, heroicos y lujuriosos para el jugador. Pin Ups, timbas de póquer, islas tropicales, piratas, carreras de coches, piscinas, viajes espaciales…
Mi juego coincide con su última época de esplendor antes de desaparecer.
Las primeras películas de 007, los primeros viajes a la luna fueron sustituidos por la vorágine de la guerra de las galaxias, la tecnología digital, las tragaperras y los ordenadores.
Y no va más, estas piezas ya forman parte del siglo pasado y raro es encontrar alguna en un bar perdido de carretera.
Las \”Nueve Reinas\”
Los colores planos, la geometría enloquecida que traza la bola en el tablero, los puntos rojos y las luces jugaron una importancia decisiva en mi formación como pintor. Autodidacta; las máquinas, los tebeos, los Beatles, los viajes, las francesas en la playa, el surrealismo socialista y el tango han sido mis asignaturas favoritas en mi carrera de artista.
En 1999 pasé tres meses en Buenos Aires pintando orquestas de tango; al año siguiente el estreno de la película \”Nueve Reinas\” (Fabián Belinski, 2000) me volvió a atrapar con la nostalgia de la ciudad y su música.
Una colección de sellos defectuosa llamada las \”Nueve reinas\” es la pieza clave sobre la que gira toda la trama de la película. Últimamente muchas de las series de cuadros que pinto levan títulos de películas o de canciones, desde \”mecánica Celeste\” hasta \”El amor duele\”, de \”Dios es un fumador de habanos\” a \”Los mares del sur\”.
Las \”Nueve Reinas\” andan en el nacimiento de esta serie de cuadros aquí catalogados.

— Del suicidio visto como una de las Bellas Artes (modo de empleo)
Maestro… ¿Quiénes somos?… ¿De dónde venimos?… ¿Adónde vamos? Y sobre todo y lo que es más importante, ¿Qué nos ponemos para ir?
Vicent en la última página de El País rezaba más o menos así: \”Los pintores después de Picasso lo mejor que pueden hacer es suicidarse\”.
Vicent comparado con el que le desearía al toro de lidia. Puestos a contrastar, y sin ánimo de ofender cualquiera de sus célebres obras \”Son de mar\” o \”tranvía a la Malvarrosa\” son como un tratado sobre la vida sexual de Bambi al lado de cualquier Trópico de Henry Miller, ya sea el de cáncer o el de capricornio.
Y es que hay mucho pequeño saltamontes, a la vista de lo visto, en los salones y pasarelas del arte contemporáneo, que han seguido sus consejos; unos al pié de la letra, ¡¡los pobres!!… y otros más timoratos, desfilando como auténticos zombis descerebrados por la moqueta gris hacia el éxito.
Son éstos que te preguntan sin el más mínimo atisbo de rubor por su parte: Ah, ¿pero tú todavía pintas?
Legiones de artistas pseudoaustríacos sangrando mortificándose desnudos subiendo las escaleras, bajando las escaleras, sopas Campbell y vacas de colores, vacas en pianos, muchas vacas, millares de jóvenes avejentados por un prematuro síndrome de Diógenes, calcetines de tres metros, copitos de nieve a la materia y cuadros todo azul de rodillo. Pintores diestros que se atan la mano derecha a la espalda para así pintar con la izquierda y borrar todo auspicio de estilo.
Como diría Juan Luís Cano, del dúo Goma Espuma, genial humorista, aficionado al flamenco y frecuente denostador del arte moderno: \”No, si dinero no habrá, pero para tontadas siempre estamos dispuestos\”.
Algunos parece que llevan marcada a fuego en la frente la leyenda \”Nasío para sufrí\”.
¡¡Relájense señores!! ¡¡Disfruten!! ¡¡Pintar es fácil!! ¡¡Pinte usted!! Es una actividad que tomada con cierta dosis de humor puede resultar incluso divertida.
Yo mismo sostengo la absurda teoría de que un niño aprende antes a dibujar las cuatro líneas que forman una casa, un árbol, una persona o un camino que a escribir las cuatro letras que forman la palabra \”c-a-s-a\”.

— Paisaje interior de un cuadro
La pintura que más me interesa, disfruto y sigo es aquella que comienza en el preciso instante en le que aparece la fotografía para liberarla de toda representación, literatura, anécdota e incluso del tema.
Las \”Nueve Reinas\” están concebidas así.
Dos de las críticas que más recuerdo sobre mi trabajo dicen así: \”Pinta como los ángeles\” (crítica francamente positiva recibida de una señora en una inauguración\”), y la segunda: \”Ceesepe se dedica a pintar unos cuadros que no entiende ni él mismo\” (en un artículo sobre los años ochenta en Madrid aparecido en el fancine \”Mondo Bruto\”). Esta segunda también la aprecio e lo que vale y me retrata perfectamente.
Uno va arrastrándose entre espinas en su afán de dar su amor. Uno pinta como poseído, ebrio de color y geometría gratuita y convulsa, bajo una dieta, en mi caso, de \”café, tabaco y miel\” y miles de horas de carretera con un pincel en la mano.
Hace veinte años dibujaba un café y pintaba encima, ahora pinto y encuentro un café, un jarrón, el vacío o una de las nueve reinas. Aparece Jeanne Hebuterne (amante de Modigliani) perdida en \”Forest Scene\” (Roy Lichtestein, 1980) o iberizando la imagen, una cordobesa de Romero de Torres con naranjas entre sus pechos perdida en medio de un cuadro de Antonio Tapies.

— Dibujo y Pintura
Cuanto más pintas más dibujas. Muchos aficionados hablando sobre mi trabajo felicitan mi dibujo oponiéndolo a la pintura como si anulasen el uno al otro. Yo nunca lo he entendido así, y dejaremos a Billy Wilder que les responda y zanje esta discusión. \”No, no es necesario que un director de cine sepa escribir, ahora, no vendría mal que supiera leer\”.
Pues eso, no viene mal que un pintor sepa bailar el tango también, y aunque no es mi caso, a estas alturas de la película y pudiéndolo hacer torcido, ¿por qué hacerlo derecho? ¿Quién quiere ser perfecto?
Ceesepe,
Madrid, 2 de Mayo de 2002