Ceesepe, el empeño de pintar

1987-05-29
Ceesepe (Madrid, 1958) llevaba unos cuantos años pugnando por ser reconocido como pintor. Dada la versatilidad que ha demostrado para manejarse en los más diferentes medios, alguien podría haberse atrevido a suponer que este empeño pictórico era una faceta más a incluir en su colección de actividades diversas. Ahora bien, si diéramos por buena esta apreciación, tendríamos que concluir asimismo que el afilado y ágil lápiz de Ceesepe le había encerrado sin remisión en su enmarañado bosque de líneas. De esta menera, el excelente ilustrador parecería condenado a la cadena perpetua de la ilustración.
Dada la fama obtenida, ¿por qué, entonces, convertir una reconocida cualidad en una especie de maldición? Ceesepe está lejos de pensar que la ilustración es una condena, y menos una maldición, pero, qué quieren, estaba y sigue empeñado en pintar. El paso no es fácil, y desde el primer momento ha habido un derroche de voluntad por parte de Ceesepe para lograrlo, aunque no siempre acompañado de resultados felices. La insistencia, sin embargo, acaba rindiendo sus frutos, y al fin, como pone de manifiesto la muestra individual que ahora exhibe, Ceesepe no sólo se persevera de nuevo en esta misma dirección, sino que esta vez ha logrado su propósito.
Complejos espacios poscubistas, brillantes collages, pero, sobre todo, una densidad pictórica en los trazos de las pinceladas y atrevimientos cromáticos en la intensidad, tono y composición son algunas de las realidades que maneja el Ceesepe último para disipar las dudas arrastradas al respecto hasta hoy mismo. Con algunos cuadros – los titulados Basuras, Tam-tam el Negro y, entre otros, uno de gran formato, El suicidio de Casagemas, que ha debido pintar tan recientemente que no ha dado tiempo, según presumo, de incluir en el catálogo realizado para la exposición – sale particularmente airoso.
En cualquier caso, sea con óleo o acrílico, sea con las sensibles acuarelas, sea con las técnicas mixtas y los collages, sea, en fin, con sus brillantes ilustraciones de siempre, coloreadas, las imágenes resultantes funcionan. Y es que cuando se tiene un mundi icónico propio y una historia que contar, la técnica apropiada llega algún día.
Nadie le había pedido a Ceesepe que se hiciera pintor, pero quizá ya no estuviera tan lejano el día en el que lamentaríamos que no lo hubiese intentedo. Por el momento, su mundo tan particular sigue en pie, aunque pintado y bien pintado.