Ceesepe: el eterno adolescente

1989-12-00
Ceesepe, cuya primera exposición individual se celebra exactamente hace diez años, es, por decirlo con una fórmula tópica pero socorrida, alguien que a estas alturas no necesita presentación. A partir de mediados del mes de diciembre expone sus últimos cuadros en Madrid, en la galería Moriarty, de la que, junto a Mariscal, el Hortelano y Javier de Juan, es uno de los artistas habituales.
Ceesepe, Carlos Sánchez Pérez, nació en Madrid hace treinta y un años. Sus primeros dibujos los publico en revistas barcelonesas como Star, El Víbora o Disco-Expres. También es en esa ciudad donde, en 1978, apareció su primer álbum, el Trapecista. Después vendrían varios más, y un libro, El arte de la mentira, en el que,además de dibujos, recogió textos y guiones. Entre las varias películas que ha realizado, El día que muera Bombita (con Albero García-Alix), Amor apache, El eterno adolescente y La última cena. Su último cartel ampliamente difundido fue el de los carnavales madrileños de este año.
En El eterno adolescente, Ceesepe se puso en escena así mismo, bajo la máscara de un botones de hotel. Uno de los fotogramas de aquella película le ha servido ahora, convenientemente pasado a papel, como base para una serie de autorretratos, algunos de los cuales figuran en la muestra de Moriarty. Ceesepe tiene, sí, en su aspecto mismo, algo de eterno adolescente, entre tímido y muy seguro de sí mismo, entre desaliñado y \”dandy\”.
Diario íntimo
Los autorretratos abundan en su obra, tanto en la dibujística como en la pictórica. Repasar una amplia selección de sus dibujos, como la que tiene lista para su publicación en una editorial de parís, supone enfrentarse a una suerte de diario íntimo, lleno de detalles estupendos. De especial interés son los dibujos realizados en el transcurso de sus viajes a París, Venecia o Nueva York. A menudo aparece él en escena, como \”Le touriste\”; ése es también el título de uno de sus mejores lienzos neoyorquinos del año pasado, en homenaje a Van Gogh.
Durante esa primera estancia estaba tan conmocionado por la realidad de la metrópoli norteamericana que la quiso expresar en unos cuantos lienzos enormes y descoyuntados, uno de los cuales le parece a su prologuista, Kiko Rivas, \”una mezcla de cubismo y cuento de Calleja\”. Este año ha vuelto allá con el ánimo más sereno y lo ha pasado mejor, y el resultado han sido unas cuantas tablas de carácter intimista, algunas de las cuales figurarán en la muestra de Moriarty.
Retratos femeninos
Recurriendo frecuentemente al \”collage\”, en estas tablas evoca su interior en Manhattan. La más bonita es aquella en la que se ha representado melancólico, sentado ante una mesa sobre la que está abierto un cuaderno. Un gato enroscado en un rincón, una chica leyendo en otro. Por la ventana, un rascacielos iluminado.
Del trasvase entre unos sectores y otros de su amplia obra da testimonio otra serie de cuadros, también expuesta en Moriarty: aquella en la que, con el mismo procedimiento de pintar sobre reproducciones fotográficas, ha realizado una serie de las actrices que intervienen en su película La última cena. Todas ellas tienen como característica común el llevar sombreros disparatados, algunos de cierto porte daliniano. Los fondos van desde una suerte de estampado geométrico neo-moderno hasta una Venecia fantasiosa.
Uno, que nunca ha tenido buena opinión de la famosa y difunta \”movida\”, de la que se supone que Ceesepe es parte integrante, siempre les ha encontrado un encanto especial en sus dibujos. Crueles y a la vez tiernos, el mundo del que hablan es un mundo más imaginario que real, un mundo muy literario, y que hace pensar en escritores como Conrad o Mac Orlan, en cineastas como Carné, en pintores como Pascin, en poetas-dibujantes como Cocteau.
Que las anteriores referencias culturales, todas ellas muy años veinte, eran las de Ceesepe, era algo que siempre me había parecido evidente, meridiano. Lo de Mac Orlan, sobre todo, y más desde que nuestro dibujante se embarcó, junto con gente como Alberto García-Alix o como Kiko Rivas, en la aventura de la revista El canto de la tripulación. Sin embargo, después de mi última conversación con Ceesepe, me consta que no, que aunque su mundo está poblado de chicas y apaches y de tipos que tocan acordeón y de marineros y de tanguistas y de payasos, ni Qual des brumes ni tantos otros títulos de novelas o de películas francesas inolvidables de esa onda pertenecen a su mitología particular.
¿Pintor o dibujane que pinta? A Ceesepe, tengo entendido, el asunto le preocupa casi tanto como a su amigo Mariscal. Cierta tentativas abstractas, nunca expuestas,o ciertos \”collages\”, probablemente deban ser contemplados como respuestas a esa obsesión por dejar claro que los cuadros son algo más que dibujos ampliados y coloreados. Se le puede preferir como dibujante, entre otras cosas porque en la línea se le ve más seguro que cuando las cosas se complican, pero hay que reconocer, sin embargo, que no hay solución de continuidad entre un campo y otro, y que aunque los resultados sean desiguales, su empeño pictórico va en serio.
ingles
Ceesepe: the eternal teenager
12 / 1989
Juan Manuel Bonet, ABC newspaper, December 1989
Exhibition: “The last supper” (La Ultima Cena)
Ceesepe, whose first individual exhibition is celebrated exactly ten years ago, is, saying it with a hackneyed but useful formula, someone that at this point does not need introduction. From the middle of December he exhibits his last paintings in Madrid, in the gallery Moriarty, of which, together with Mariscal, El Hortelano and Javier de Juan, is one of the usual artists.
Ceesepe, Carlos Sanchez Perez, was born in Madrid thirty one years ago. He published his first drawings in Barcelonian magazines as Star, El Vibora or Disc – express. Also is in this city where, in 1978, appeared his first album, “The trapecist” (El Trapecista). Later on several more would come, and a book, the art of the lie, in which, besides drawings, he gathered texts and scripts. Amongst the movies that he has realized, “The day that Bombita dies” (El dia que muera Bombita) (with Alberto García-Alix), “Love Apache” (Amor apache), “The eternal teenager” (El eterno adolescente) and “The last supper” (La ultima cena). His last poster widely known was that of the carnivals of Madrid of this year.
In “The eternal teenager” (El eterno adolescente), Ceesepe puts himself in scene, under the mask of a hotel worker. One of the stills of that movie has served him now, suitably as base for a series of self-portraits, some of which appear in Moriarty\’s exhibition. Ceesepe has in his aspect itself, something of an eternal teenager, between a shy character and very surely himself, between slovenly and a “dandy”.
Intimate diary
The self-portraits abound in his work, both in the drawing science and in the pictoresc one. Revising a wide selection of his drawings, like the one he has ready for his publication in a publishing house of Paris, means facing to a luck of an intimate diary, full of marvellous details. Of special interest are the drawings realized in the course of his trips to Paris, Venice or New York. He often appears in scene as “The tourist” (Le touriste); and this one is also the title of one of his better linens of New York of last year, in honouring to Van Gogh.
During this first stay he was so shocked by the reality of the North American metropolis that wanted to express in a few enormous and dislocated linens, one of which Kiko Rivas, his prologuist thinks that is a mixture of cubism and “Calleja’s tales”. This year has returned with the most serene intentions and has enjoyed much more, and the result were a few tables of intimist character, some of which will appear in Moriarty\’s exhibition.
Feminine portraits
Resorting frequently to the “collage”, in these tables he evokes his interior in Manhattan. The nicest is the one in which he has been represented melancholism, sat in front of a table on which a notebook is opened. A cat twisted in a corner, a girl reading another one. On the window, an illuminated skyscraper.
Of the transfer between a few sectors and others of his wide work he gives testimony to another series of paintings, also exhibited in Moriarty: that one in which, with the same procedure of painting on photographic reproductions, he has done a series of the actresses who intervene in his movie The last supper. All of them have as common characteristic to carry ludicrous hats, some of certain Dalinian freightage. The backgrounds go from a geometric modern neo-print to a fantasizing Venice.
Myself, which has never had good opinion of fame and the deceased “Madrilenian groove”, of which is supposed that Ceesepe is an integral part of it, I’ve always found a special captivation in his drawings. Cruel and simultaneously tender, the world about which they speak is a world more imaginary than real, a very literary world, and that makes think about writers as Conrad or Mac Orlan, about filmmakers as Carne, about painters as Pascin, about poets – draftsmen as Cocteau.
The previous cultural references, all of them typical of the “twenties”, were those of Ceesepe’s, it was something that I’ve always considered evident. Especially that of Mac Orlan, and more since our draftsman embarked, together with people as Alberto García-Alix or as Kiko Rivas, in the adventure of the magazine “The singing of the crew” (El canto de la tripulacion). Nevertheless, after my last conversation with Ceesepe, it is clear that they are not, although his world is populated of girls and Apaches and of people that plays the accordion and of sailors, tango dancers and of clowns, neither “Qual des brumes” nor so many other titles of novels or unforgettable French movies of this times that belong to his particular mythology.
Painter or draftsman who paints? To Ceesepe, I have understood, the matters worry him almost as much as to his friend Mariscal. Certain abstract attempts, never exposed, or certain \”collages\”, probably they should be seen as answers to this obsession to clarify that the paintings are slightly more than extended and colored drawings. He might be preferred as draftsman amongst other things because in the line one sees him more confident than when the things get complicated, but it is necessary to admit, nevertheless, that there is no clear boundary between a field and other one, and that though the results are unequal, his picturesque determination is serious.