Ceesepe expone 27 papeles, dos cajas y cuatro aluminios, en Madrid

2009-06-30
Julio Castro – laRepúblicaCultural.es
A partir del jueves 18 de junio, la galería de arte EspacioValverde, situada en la calle Valverde número 30, de Madrid, acogerá una exposición del artista Ceesepe, que en esta ocasión se presenta con numerosas obras basadas principalmente en tres diferentes técnicas y, como en muchas otras ocasiones llevando por tema principal a las mujeres, ya sea en retratos de gran primer plano, en acuarelas y tinta, o en collages de origen digital.
La muestra lleva por título 27 papeles, dos cajas y cuatro aluminios que resume de manera muy sintética el contenido de la misma, en cuanto a los soportes empleados (digamos, el continente, el material), que no en cuanto a lo múltiple y variado de su contenido. Pero esto también tiene su significado y su trascendencia, ya que en un artista tan diverso como Ceesepe, cuyo estilo ya marcó tiempos y resultados hace más de 30 años, hay que seguirle en sus múltiples facetas y analizar el trayecto de sus obras, en conjunto, y de cada una en particular. Más allá del simbolismo que pueda interpretarse en cualquiera de sus trabajos (que no es tarea, sino placer del espectador), debemos ubicar la incansable necesidad del autor en la búsqueda de nuevas técnicas que le lleven a mantener su propio estilo, sin dejar de evolucionar con el tiempo. Por otra parte, el contraste de esos aluminios, con imágenes provenientes del collage digital, que nos ofrece casi como un montaje escénico, y las numerosas acuarelas que denomina “papeles”, quitando importancia al trabajo que contienen, para trasladarlo al uso del mismo, ya supone un choque entre los Ceesepes que contiene la exposición. Si completamos el conjunto con esas enigmáticas dos cajas, realizadas con elementos de madera y restos de materiales reciclados, corremos el riesgo de perdernos en el bosque sin tener la mirada de conjunto. Por ello, es recomendable, en primer lugar, acercarse con una mirada entre divertida y sarcástica a este autor, en el que el humor no está ausente de su trabajo, como tampoco la curiosidad por todo un inmenso entorno de elementos. En segundo lugar, se receta al desconocedor del trabajo de Ceesepe, fijarse en cada obra como un pequeño mundo con vida propia, que puede hacernos correr el riesgo de trasladar nuestra imaginación a unos mundos de Alicia en un país de maravillas, más adulto y complejo, eso sí, que el imaginado por Carroll (o, en su caso, al nivel de la imaginación que queramos recrear desde nuestra cabeza).
Si se trata de las acuarelas, es más fácil de primera mano, aproximarse a cada obra, que en cada caso ha jugado con el original, para acabar por ofrecernos contrastes de humor que destacan entre la expresión y el colorido que remata los fondos. Así pues, no es extraño descubrir que la protagonista nos observa con un tono que el color del autor le ha acompañado en la expresión, con colores que te besan de frente, o que te rechazan y recelan en su timidez, o te provocan de manera más viva o más diluida… cada cual perciba a la modelo.
En cambio, como ya apuntaba, esos aluminios, resultantes del intenso trabajo de investigación y aprendizaje en el mundo de la informática por parte del autor, hacen que el absurdo nos mueva del circo a los cafés de parís, con modelos del derecho y del revés, que integran al visitante, o viven su propia vida, sin necesidad de darles cuerda o conectarlas a la red. Su compositor ha sabido extraer la variedad y multiplicidad de los orígenes digitales, y plasmarlos en lo que debiera ser una obra estática y que, sin embargo, no deja de dar vueltas alrededor nuestro, incluso, cuando se la deja de observar.
Tengo que decir que cada vez me apasiona más el resultado de la evolución de ilustradores que partiendo del diseño de carteles, del mundo de la ilustración, del cómic o de la publicidad, acaban por mezclar orígenes y actualidad, para prestarnos la esperanza de un futuro innovador en el mundo de las artes plásticas, que pareció estancarse hace algunas décadas, pero que, al menos a un escéptico en esta cuestión como soy yo, le permite conservar ese deseo de ver en ciertos gestos, un renovado aliento de novedad, en los resultados y en el deseo de avanzar. Disfrutad de la exposición y, si no, al menos divertíos con los personajes, ambas cosas merecen la pena y son enriquecedoras.