Ceesepe y los tebeos

2008-11-19
Ceesepe no era todavía un artista, aunque se esmeraba para serlo. Más bien parecía por entonces algo así como un meninho da rua a punto de ser adoptado por una marque­sa con posibles, lo que tampoco estaba muy lejos de la realidad. Precoz lo era, eso sí. Mientras los demás andábamos por los veinte sobradamente cumplidos, el muchacho lle­gaba con apuros a los dieciocho, lo que en esas edades es mucho decir. Y también, como antes comentaba de Xavi Mariscal, gozaba de una suculenta confianza en su propio talen­to: una muestra de ello es que a tan tempranos años ya había cambiado el anodino Carlos Sánchez Pérez con el que fue traído al mundo por el mucho más eufónico Ce-ese-pe y otra es que ya cultivaba el estilo indumentario que, desde Juliette Greco a Loquillo pasando por Johnny Cash, tanto juego ha dado a cultivadores de lo turbio. Los grandes ojos tristes, la timidez, la extrema delgadez y el hilillo de voz terminaban de perfilar el retrato de alma sensible dispuesta a caer en la genialidad o en la tuberculosis. Sus dos aportaciones al Nasti son fruto del fecundo desbarajuste mental que le acosaba. En Tu amor… se dedica a narrar, con bastante humor, las ensoñaciones eróticas de un oficinista calvito (por cier­to, también al compás del Bésame mucho, como Pepi) y Subiendo y bajando… viene a ser como un delirio gráfico con Sisa y su particular personaje, Slober (un cínico vividor calvo-melenudo), como estrellas invitadas. Ceesepe se fue decantando hacia una estética en la que convivían alegremente lo barriobajero, lo chulapo y lo elegante, lo que le convirtió, pocos años después, en una de las señas de identidad de la movida madrileña. Dan también buena fe de ello las dos preciosas historias que llegó a publicar en El Víbora (María y el Tacón Cubano y Estrellita va a New York). En ellas, sobre todo en la segunda, se nota que a Ceesepe el tebeo le iba grande y pequeño a la vez: es decir, que la narración le resultaba complicada, pero no porque no fuera capaz de contar, sino porque la historia entera ya estaba contada casi en cada viñeta.
Otra pequeña perversidad.
No sé si habrá mejorado, pero en sus primeros tiempos de famoso, Carlos (Ceesepe) fue el terror de los locutores marchosos. Hete aquí que iba a la radio y el \”enrollado\” locu­tor saltaba tal que así:
Locutor: ¡¡Y tenemos con noso­tros a Ceesepe, al sin par Ceesepe, al creador de las lánguidas y vibrantes hembras que hacen soñar a medio Madrid!! ¿No es así, Carlos? ¿Te importa que te llame Carlos?
Ceesepe (casi susurrando): No.
Locutor (algo mosca): Ceesepe, que… ¿quién se lo iba a decir a él cuando con sus amigos El Hortelano y Ouka Lele malvivían de lo que les daba un puesto en el Rastro iban a ser unas de las estrellas de la movida madrileña? ¿No es sorprendente, Carlos?
Ceesepe (apenas audible): No sé.
Locutor (empezando a cabrearse): Hablando de otra cosa, ¿cómo ves el panorama del cómic en España, Carlos?
Ceesepe (mirando a otro lado): Chungo.
Y así, media hora.