Horror Vacui

2008-11-05
HORROR VACUI
Para mi amigo Ceesepe
… y las chicas que sonreían entre las botellas y los vasos.
las amazonas que se escapaban de los cuadros de Picasso, los bodegones lascivos,
piernas interminables de seda y satén, rezuman nostalgia de saxofones,
el metal errático que crea cada instante en el cafetín, la plaza de las señoritas
un perfil de carmines flotando en el celuloide, algas y sargazos de las mujeres de mar,
el canotier y los puros habanos que se escapan de estuches de caoba,
extraña teología para una identificación múltiple, la diosa Kali
es una camarera saturada de besos y teteras, Dios es un fumador de habanos,
fluyen, pulpos herídores de sonrisas y senos omnipresentes,
las meretrices exhiben sus pupilas y los ojos son almendras extáticas
en el gran friso escapado de sociedades urbanas que quieren ser felices y solo son
momentos para lo efímero, para lo valiente en la conciencia lúcida
de ser oleaje de sirenas, de ser burros en la ceremonia de la llanura bajo una orgía
de colores y trazos, se escapa el esmalte sobre las veladuras irisadas,
cartón y madera, tetas y muslos, acrilico en un verde de botella, dancing-tea,
las palmeras de una indonesia madrileña abanican el cristal de las ventanas,
un suelo de puzzles de cartulina y periódicos donde sobrenadan las sirenas,
llegan las chicas del calendario, las modelos azules, los bar-man, las estrellas en el cielo añil de París, algo de bruma catalana, las luminosas carnaciones en el papel entrecortado, en algún rincón perduran los frutos del hortelano, palabras polinesias para una fotógrafa entre los collages, si el cine mudo trae como miradas perplejas una escenografía abigarrada, vuelve la estética cretense
de los moluscos y las sacerdotisas, ahora más laicas, más vividas, más fugaces en el corte de pelo a lo Juana de Arco, las putas y los clientes, los motoristas, el anciano urbano, las gafas imposibles de puro rasgadas, tanto primer plano disuelto,
tanta imagen resuelta sobre el confuso fondo, horror vacui de los zumos del trópico,
de la naftalina y la absenta, algún bohemio descarriado saborea
la luna ácida en In noche del asfalto,
espejos multiplicados en loa automóviles que el acrilico cromó de carmines metalizados,
vuela el ansia de encontrar la felicidad en lo efímero,
en las mesitas de las terrazas se oficia el rito,
\”…bebamos, bebamos… ¿qué nos importa el mañana?\”,
si la deidad es un cromo amable de señoritas imposibles,
si la felicidad se escurre con el trago de ron en el cabaret,
si el saxofón se pierde en una carrera de notas estridentes,
si mi amigo el colibrí liba de las flores del mal,
el hermano oso se deleita en la miel de la colmena,
si ahora el zorro persigue a las gacelas de ubres exuberantes,
en la castiza capital hay acentos turquesa
donde aún asoma algo de mar,
el buceador escarba con sus pinceles un océano convulso,
dispone tesoros escondidos en sus collages,
hace ecos de siluetas que quedaron retenidas en la retina,
Orfeo que pierde a Eurídice, algo de hastío en la bajamar de la resaca,
Otra vez surgen las damas sonrientes, un marinero afirma sus bigotes
En el primer plano se descuelgan trazos como latigazos,
Balbuceo del niño que en su inocencia recrea constantemente el mundo.
Todo está saturado de formas esbozadas, en la increíble perspectiva
Los personajes flotan sin cuerpo, se reafirman desde la insolencia de sus siluetas,
un testigo de primer orden se entrega a sus fantasías.
En la solemne ceremonia del rito creador, la entrega de sí mismo
Es el supremo sacrificio,
Vocación para resaltar la permanencia de lo pasajero.
La moda y la movida dejaron una huella viva, los autómatas viven,
Es posible que en el estudio se escurran las sirenas sobre el suelo de cartón,
Factible que los ensimismados fumadores aromen la luz cambiante
Con el perfume dulce de su pipa, y que retratos cubistas sonrían
Desde su esquematismo al autor que los descubre, y que el magenta
Inunde aún nuevos lienzos, que los trazos rasguen las superficies imprimadas,
Que la veladura revista anteriores cosas que se quieren ignorar ahora,
Los cuadros están vivos, los paisajes urbanos bullen en su technicolor,
Y si ahora con valentía deja uno atrás los dibujos resueltos
Para hundirse en oscuras ensoñaciones, aún el creador espiga
De cada avenida, de cada urbanita, de cada rutina algo de mágico,
Porque… ¿dónde se encuentra esa pequeña banda de jazz que se escucha
Desde la oscuridad de su entorno? Y la pasarela de los besos, y el mundo
De la insania, y la actriz loca, y la adolescente erótica que se asoma al espejo,
y los abrazos apasionados hasta la voracidad, los pasos de baile de los amantes, la señorita de las cartas, el joven apuesto,
El canotier y la pipa…?
Y en esa vaga leyenda que uno mismo se va forjando subsisten como imanes
Los mensajeros de un cielo laico, pero hay un halo de alma franciscana
En ese canto a la realidad que pasa a nuestro lado,
Y aunque quisiéramos encontrar la belleza que transmiten estos iconos
Vibra en cada interior un eco que no se va a disolver,
Y así, el circo, la merienda, los corazones, la calle cuajada de coches,
La noche de las grandes ciudades, el madrid que todos quisimos alguna vez,
La compañía que soñamos, cierta indiferencia de las azafatas, de las modelos,
De las chicas que se desnudan como si fuéramos transparentes en la penumbra,
Una sombra de ínexpresividad nos puede salvar hasta de la culpa,
Es un símbolo, es un esbozo, es un ideal,
Tanta mujer bella como imposible, tanto calendario de chico malo,
Tanto desafío anatómico en los escoraos, los giros inauditos, las poses,
Desafiantes, Júdicas, sugerentes, obscenas, inexpresivas,
Tanto maquillaje postmoderno, tanto carmín, tanto azul en la sombra,
Las mujeres flotantes, entre estrellas y caracoles,
Las novias de ChagaII que dejaron el velo tras consumar el amor,
Entre la gélida Alaska y la tierra tórrida de los ooke-leles hay un universo
Que un pintor acota y define en cada momento
Con el tesón heredado de un artesano que se manifiesta en ese construir
Marcos, fotos, libros, hechos, cuadros, dibujos y figuras, calles y ciudades
donde ese mundo amable no quiere perderse en la retórica de la teórica,
Sino que sucumbe a lo baladí, lo que pudo ser cotidiano pero
Que es una fantasía disuelta en aguarrás,
Se escurre el pincel por la desnudez de las mujeres-sirenas
Entre guitarras, bombillas, sillas y jarras,
Las carnaciones son ahora inusualmente verdosas,
Colores forzados hasta lo inverosímil, (las sirenas de verdad tienen la piel rosada y una mirada menos civilizada
Que la de estas hembras que retrató el antihéroe)
Las escaleras suspendidas en el éter, unos corazones que flotan,
Una botella, el tocador de guitarra y las palmeras,
Un cuadro de perfiles superpuestos es un bricolage de carpintería,
La mesa es un cuadro, el cuadro es un cartón, el cartón una casa,
La casa un cabaret, un hotel, una puesta de sol en Bali,
Tierra lejana donde las fantasías se funden a una calma de sosiego.
La voz de terciopelo canta un blues, el alma se oscurece
En un azul de atardecer, entre los trozos de periódicos brilla un sol de oro.
Se inicia el descenso, el rumor del corazón callado, el corazón herido
Traspasado por una flecha, por siete flechas heridoras que convienen a las mujeres desgraciadas en vírgenes dolientes,
labios de un rouge intenso llamando al amor,
Que mata y ama, al amor que empuja A buscar y descubrir,
Al amor que se resuelve en un panteísmo cósmico,
En la burbuja de la ciudad moderna,
Toreros, bailarinas, hombres ebrios que perdieron el paso,
Miradas expresionistas en blanco y negro en la historia antigua
Y que son ahora retratos y encargos y carteles, y cubiertas de libros
Y dossier y catálogos y ese mundo variopinto sin final ni principio
Y ¡Qué bien reírse de si mismo y de los sabios, de los eruditos, de los enterados, de los sensatos! Porque cada figura es una declaración de intenciones solemne, un alegato que la modestia recubre de frivolidad,
Pero no creas que eres sólo uno más,
Porque en el silencio reverencial de tu estudio eres el Creador
De tu propio mundo.
Y sigue manando sin cesar la espiral como fuente, como volcán,
Sigue esparciéndose la lava amarilla, se multiplican las chicas con ligueros,
Ligeras de ropa, robando corazones, enseñando sus piernas larguísimas.
Su lencería parisina, sus perfumes de trementina y barníz.
Siguen los guiños de las cortesanas, ahora el frenesí es un carrusel acelerado,
Parece la traca final, los fragmentos de figuras de papel, multipresentes,
Multícopiadas, multigrafiadas, multidibujadas,
Multiserigrafiadas, chicas en desfile imparable de carne prieta oferente,
Hollywood enrollado, kermesse latina, un paisaje solar de Miró,
Una gitana de Picasso con abanicos y faralaes
Menos seria y más transitoria, arte de carteles y de callejones,
Arte de una sociedad acelerada que arrinconó en un rinconcito
De su memoria los momentos felices que todos deseamos siendo jóvenes,
Pues aquí están, en esta pista de baile, en este galán que aprieta un tango
Soldándose a su piba, en este automóvil deslumbrante por la Gran Vía,
En estas ramblas castizas del Madrid de entremilenios,
Y en los cuadros hay otras letras de otros idiomas, son voces
Para habitantes de otras tierras, porque las palabras se extienden
Como los fuegos de artificio en la noche de neón,
Y aún puedes hojear en la cama los dibujos automáticos
Sobre el papel blanco una raya se quiebra y se retuerce
Aventurando personajes de plumilla, bailarín, borracho, bella,
Enamorada, el abrazo, la cabeza, un momento de tedio.
Algún instante irreconocible que tal vez solo fue el capricho
De una muñeca y una mano aferradas a la pluma,
Y otra vez en el gran salón que da a Mayor concurre
Toda la mitología, todo el bestiario, toda la febril humanidad
Para armonizarse en los colores y en las formas,
Para volver a ser obras, para pervivir fugaces,
Para sentirse sargazos de la gran pecera que nos envuelve a todos…
Algo de sirena embelesada envuelta en su espiral, ojos de nácar,
Mundo donde llueven las mujeres provincianas
Ajenas a los paisajes de fondo, donde las damas
Lucen inauditas peinetas, sombreretes de espadas,
Torres de corazones, ubres multiplicadas, vuelta al azogue que refleja
El carmín de la noche, la cintura de avispa, las bragas ajustadas,
Los senos resolviéndose tras un sostén de satén,
La luz rayada que se ha ido filtrando
Desde las persianas en los inevitables balcones de pensión económica,
Los dormitorios sucintos, los bidés y lavabos iluminados
Con la debilidad de una bombilla colgada de su cuerda,
El abanico, los lunares, los rayos y los periódicos o tijeretazos…
El furor de vivir se transmuta en una multitud apiñándose
En esos bailes de salones saturados de un mar de cabezas de jóvenes
Y el estudio detallado de cada expresión trasluce una multitud de soledades,
En cada danzante hay un ansia feroz de entrar al infinito,
De unirse a la imparable helicoide del gozo hacia la carne,
Las personas son náufragos nadando en el mar embriagador,
El amor es el veneno y los protagonistas se dejan rebasar
Y se ahogan detrás de los lápices, de los pinceles, de las tintas y acrilicos,
Un niño curioso espía con su Polaroid, quiere fotografiar los sentimientos,
Un espía mira con su talante analítico tantos cuadros multiplicándose,
Y delante, solo jóvenes en la pista de baile,
… y las chicas que sonreían, entre las botellas y los vasos…
Rafa Casquero