Tres Perras Andaluzas

2008-11-09
Ceesepe
Barcelona 1995
Sala Pelayo, Barcelona
TRES PERRAS ANDALUZAS ACECHAN MI CEJA IZQUIERDA
Las pinturas de Ceesepe abundan en pasajeros clandestinos, juerguistas impenitentes, amazonas de punta de cola de caballo y otros personajes turbios, salidos de barrios finos madrileños, por no hablar de las innumerables imágenes fantasmas de seres fantasmagóricos que les llenan la cabeza.
Hábleme usted de un honrado castillo escocés encantado a partir de la doceava campanada de media noche por un antepasado lejano cubierto con una sábana agujereada, manchada por un impresionista. A pesar de los lamentos desgarradores y el ruido de ferralla de rigor, que llama!
El alma errará por los campos, pero respirará aire puro, virgen de los miasmas ponzoñosos del vicio y la decadencia.
El circo pictórico de Ceesepe aún presenta otros peligros temibles, cuyos números gafes hacen vacilar la razón.
Contempla usted tranquilamente un cuadro, como quien lame una vitrina, y he aquí a las tres perras andaluzas que le invitan a acompañarlas en su ronda de los archiduques del delirio, a riesgo de perder el poco equilibrio que se libró del crack del 29.
Se franquea, sin darse cuenta, los límites de la ciudad prohibida. Hay luz por doquier, colores, sombras que se agitan. ¿Por qué hacerse de rogar? Y se entra en cada obra para aturdirse de alcoholes, de perfumes, de músicas.
Criaturas improbables se le adhieren a uno, chicas guapas y chicos golfos, starlets, sirenas call-girls y marineros, proxenetas, payasos y psiquiatras.
Imposible discernir la identidad de cada cual pues han echado sobre la mesa, al montón, sus papeles falsos. Estampillas oficiales se comen las caras, las fotos se cruzan y multiplican, las burbujas del champán se suben a la cabeza.
Lo mismo da invitar a toda la banda al interior de vuestro cráneo, convertido en Club Privado, chorreante de luces y bisutería.
La verdad es que está usted de suerte si Ceesepe le invita a pasar, porque usted no es del Club. Un gentío ambiguo abarrota la pista de baile, se menean al son estridente de una orquesta de Nueva Orleáns. ¡Qué Gracia! ¡Qué Elegancia! Qué trapitos más encantadores. Qué sedas más cariñosas.
Con los ojos revueltos por una sensación de “deja vu” parte usted en busca de las tres perras andaluzas. Pero el suelo es resbaladizo. El pie derrapa en un tubo de pintura, o un preservativo, y aterriza usted en plena pista, en medio de los artistas del circo reunidos.
Chilenas charoladas le pisotean el lomo, piececitos desnudos o enfundados en recias medias te acarician el culo. Se levanta usted sangrando por la nariz, balbucea una excusa torpe y ya están las tres perras andaluzas arrastrándose hacia el rincón nacarado de la toilette de señoras.

El camino no es fácil. Una carrera de obstáculos inesperado que se alzan ante usted. A veces en forma de panel publicitario, otras se parecen, como dos gotas de Bloody Mary a Lady Di o a un final de concursos de belleza.
Total, que se encuentra usted sentado en la tapa del water, con un pálpito en las sienes, y la náusea a flor de labios.
Se saca usted entonces, automáticamente, la cartera del bolsillo interior de la chaqueta para asegurarse de que su apellido es Ceesepe, y entonces, al azar de un reflejo en el espejo, se da cuenta de la forma singular de su ceja izquierda.
Roland Topor,
París. Septiembre 1994